La despoblación el peor enemigo del desarrollo sostenible y el medio ambiente

Cuantas veces habremos oído, si nosotros no cuidamos el medio ambiente, ¿quién lo va a cuidar? Pero y ¿si el nosotros casi no existe? En la gran mayoría de los pueblos españoles ya no hay nadie que vele por ellos , ya que la versión del nosotros se ha gentrificado en las grandes urbes. La realidad es que el fenómeno de la despoblación no sólo hace desaparecer por arte de magia a la gente que ha vivido en el medio rural, el gran éxodo del siglo XXI desarraiga el alma de los pueblos convirtiéndolos en reductos de un holocausto pasivo donde el desarrollo puede que haya dejado de ser sostenible.

Los datos

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Según recoge el portal Ruralbeta.com, la web dedicada a sensibilizar sobre la despoblación, en España hay 8.126 municipios, de ellos, más de 5.600 han perdido habitantes en la última década como consecuencia de la despoblación. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) el 40% de la  población empadronada en España reside en municipios mayores de 100.000 habitantes. Por comunidades, los porcentajes más altos se dan en Comunidad de Madrid (71,9%) y Aragón (51,0%). Y los más bajos corresponden a Castilla-La Mancha (8,5%) y Extremadura (14,0%).

Por otro lado, el 20,3% de la población vive en municipios menores de 10.000 habitantes. Por comunidades, los porcentajes más elevados se dan en Extremadura (50,6%), Castilla-La Mancha (43,9%) y Castilla y León (43,7%), mientras que los más bajos corresponden a Región de Murcia (3,8%) y Comunidad de Madrid (5,5%).

Medio ambiente y despoblación

Cuando la población desaparece de los territorios, también se produce un abandono de los recursos naturales que residen en ellos. Aunque según Luis Antonio Sáez, miembro del  Centro de Estudios sobre la Despoblación y Desarrollo de Áreas Rurales (CEDDAR), en algunas zonas despobladas los ecosistemas han llegado incluso a regenerarse, aunque depende de lo respetuosas que sean con el medio ambiente las personas que lo habitan. Sáez, no obstante, destaca la labor de la ganadería extensiva como principal factor de la conservación del medio ambiente en el medio rural.

Otra visión muy distinta es la que aporta el informe El Polvorín del Nordeste elaborado por WWF España, AIP y WWF Portugal. En el documento se apunta a que los incendios que se propagan con mayor virulencia se dan en aldeas en peligro de extinción. El informe cita textualmente que el fuerte despoblamiento y envejecimiento, sobre todo de las áreas rurales del interior y de montaña, ha forzado el abandono de las actividades agrarias tradicionales, acelerado por las nefastas políticas de desarrollo rural, que han demostrado no ser efectivas para fijar población y generar empleo.

 /><noscript><img width=la ley para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural en el que se aprobó un paquete de medidas para fomentar el comercio rural, la conservación de los recursos naturales con el apoyo de la Red Natura 2000, el crecimiento del empleo y autoempleo, el aumento y mejora de infraestructuras y equipamientos básicos, el potenciar las tecnologías de la comunicación, la cultura y la educación, el fomento de la seguridad ciudadana y el empleo público, entre otras iniciativas, que sobre el papel han quedado, pero que muchas de ellas, por no decir la mayoría, cayeron en desgracia como consecuencia de la crisis económica.

Antes de abandonar el Gobierno, Mariano Rajoy anunció una línea de ayudas de 100 millones de euros a zonas despobladas de España y la ampliación por un año de la tarifa plana de los autónomos residentes en ciudades con menos de 5.000 habitantes. Ahora el gobierno de Sánchez promete 80 millones de euros para paliar el problema de la despoblación, pero no ha detallado de qué manera va a fomentar el desarrollo rural en aquellas zonas donde la población mengua rápidamente.

Con respecto al qué hacer para frenar la huida de personas del ámbito rural el CEDDAR  afirma que el problema ha de ser visto desde un punto de vista social y antropológico, “no hay que quedarse el número”, hay muchos condicionantes por los que un pueblo pierde población y no necesariamente debe ser un factor negativo, afirma Luis Antonio Sáez. Desde este organismo se piensa que hay que atender a  “la felicidad de las personas” y que hay que poner las herramientas y la información indispensables para que la gente viva donde quiera vivir, teniendo una visión realista con unas expectativas coherentes del ámbito rural.

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