La sequía compromete aún más al campo español en una de sus campañas más complicadas

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agosto 5, 2022

El verano de 2022 y la campaña presente en general va camino, por desgracia, de ser recordada como una de las más complicadas en las últimas décadas en el campo español.

A todos los problemas derivados de la situación comercial y económica de la Guerra de Ucrania, como el alza del precio de los combustibles o del pienso para el ganado, se suma una de las peores olas de calor y sequías de los últimos tiempos.

La falta de riego y los embalses en mínimos hacen que se comprometa la recogida y comercialización de muchas cosechas. Principalmente en el cereal, el olivar, viñedos y almendros de secano, así como en la apicultura, son los que están más expuestos, con pérdidas medias que rondan el 50% de las producciones.

Todas las organizaciones agrarias coinciden al definir este verano como extremadamente complicado por esta serie de distintos factores, todos ellos perjudiciales.

No solo se ha visto afectado el secano, los cultivos en regadío, que ya se enfrentan a la toma de decisiones para ver si se planta o se buscan alternativas con otras producciones, como el girasol, ante las escasas reservas de agua embalsada, ya están sufriendo restricciones en varias provincias debido a la necesidad de racionalizar el agua.

No se libra, tampoco, la ganadería, ya especialmente afectada también. La situación también impactará especialmente en los pastos para ganadería extensiva, que suelen estar en las zonas más sensibles al déficit de agua.

La práctica totalidad de España se está viendo afectada

Las situaciones más críticas se están viviendo en Andalucía, en el sur de Extremadura y en Castilla-La Mancha, además de algunas comarcas de Murcia, Lleida, Girona y el Valle del Ebro.

Todos los sectores se están viendo afectados por la sequía y la falta de lluvias que se prevé que continúe aún, pero hay dos ya muy trastocados: hablamos de los cereales de secano y de la apicultura.

Una tormenta perfecta de factores en contra

Como comentábamos, el de este año está siendo uno de los más complicados que se recuerdan. Ya se hablaba de los problemas de un año seco en febrero, cuando las lluvias ya estaban por debajo de lo habitual, pero antes de que estallara la Guerra de Ucrania.

El conflicto ha hecho que el precio de los combustibles haya subido con fuerza debido a la tensión energética que rodea a los actores involucrados, a lo que se suma un fuerte parón de las importaciones de cereal de Ucrania, uno de los mayores productores mundiales de trigo y maíz.

Además del trigo, Ucrania es también uno de los principales productores mundiales de semillas, harina y aceite de girasol.

España, deficitaria en cereales, importa anualmente casi el 30% del maíz que necesita de Ucrania. En 2018, las importaciones de maíz alcanzaron los 2,8 millones de toneladas, por un valor de 460 millones de euros.

Todo ello contribuye a un encarecimiento de los costes de producción para los agricultores y ganaderos, tanto en el coste de los combustibles como de pienso para la ganadería.

A nivel exportador, la guerra también ha afectado a productos que tenían especial peso en Rusia, como es el caso de la aceituna, cuya economía se está desplomando por las sanciones internacionales.

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